azul parís, París verde
Los siete cuadrados de 40 cm por lado que constituyen Azul París, París Verde, fueron concebidos y construidos en París. Las aguas del Sena y el jardín francés dan lugar a las pequeñas fotografías que sirven como centro conceptual del trabajo. La parte azul, el agua y su vaivén nos trasladan a las profundidades de la psiquis, a los movimientos de los estados de ánimo y a la intensa y fluctuante energía de las personas que se solazan al contacto con el río y su aura. En estas imágenes encontramos fotocopias de antiguos registros de los cambios en los niveles de las aguas. Y también fotocopias de listados telefónicos de París, nombres y números extraños y desconocidos que como el tono azul que invade hasta el negro de la superficie, enfatizan las cualidades de nostalgia, melancolía y extrañamiento.
El azul cede el paso al verde. Frente a la imprecisión y languidez del agua, se contrapone la concreta perfección y artificio de los jardines franceses. Los árboles se yerguen sólidos en su vitalidad y verdor acentuando las diagonales de la perspectiva. A los viejos registros de los niveles hidráulicos se enfrentan planos de los jardines.
La última imagen verde presenta una vista menos distante del jardín, el punto de fuga se encuentra más cerca y el plano de jardín sugiere el dibujo de un cerebro. De la intensa auto-inmersión que la artista practicó durante estos meses en París, se desprende una determinación vigorosa. Atrás queda la pasiva melancolía. Ni el extrañamiento, ni la indiferencia, o la misma soledad existencial pueden minar el impulso por la vida. Lo queramos o no, el espíritu toma las riendas del ser y camina obligadamente hacia el futuro.
Diana de Solares