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Ciclos

Ciclos

Trata de tránsitos, de las bifurcaciones, de los devaneos de esto o de eso que llamamos vida. Tres fotografías, colgadas, suspendidas, enormes, impresas en tela, no en papel. Ambos lados de cada tela (anverso / reverso) ofrecen material fotográfico, y entre cada tela cuelgan hilos y cosas, agujas, etc., tornillos: elementos constructores.

 La primera fotografía es un mapa, la segunda es una mano, las líneas, los trazos de una mano; la tercera es una hoja y sus nervios interiores y vegetales. Las tres ofrecen un singular paralelismo: esa trama de líneas, esa narración de caminos que se cruzan, se huyen, convergen. Irene Torrebiarte va hilvanando mundos que se expanden, se traicionan, se unen. Ciclos. Despliegues de caminos, de transiciones, de barroquismos. Son las venas de la vida y sus cambios insospechados o tardíos, o en boca de Irene: “los caminos que nos llevan a un punto, u otro punto, a otros puntos, a otras personas y situaciones”. Segmentos que buscan su extensión, que se definen de nuevo. Ciclos. Diálogo de posibilidades, de acumulaciones, concitación – concertación de probabilidades, la vida persiguiéndose a sí misma, todo en una marea repetida y secular, hermosa y horrible, o sencillamente simple y mecánica, pero en una exigida “influencia de energías”. Este Arte/facto de Irene es un homenaje – una sorpresa – ante las variaciones de la existencia y las reiteraciones que la existencia, densa y compleja, propone.

 Avanzamos entre flechas y distancias, entre lejanías y tiempos, entre la proximidad y el epitafio. Signos de lo nuevo, de lo viejo: transiciones. Fechas que inauguran otro ciclo, que sostienen una novedad, pasaportes imprevistos o esperados, previsibles o sorpresivos. Estos puntos (que han sido debidamente marcados con un sello) ya son líneas, forman una vida, una muerte.

El efecto estético: grandes telas y detalles menudos (grietas, texturas, minuciosos acercamientos). Aquí está su arte de fotógrafa: la distancia. Aquí la conciliación entre lo enorme y lo pequeño, y más aún la plena coincidencia entre lo enorme y lo pequeño, y más aún la identificación entre lo enorme y lo pequeño, lo que ya nos da la idea un poco panteísta y conciliadora que tiene Irene Torrebiarte del mundo, del universo, de la naturaleza (y cuando lo menciono naturaleza lo hago en el sentido filosófico de la palabra).

Maurice Echeverría

1998